Saber leer es la clave, que leer cualquiera sabe

Amar la lectura no es tan sencillo. a menudo se oye a los padres decir de su hijo: "No le gusta leer". Pero no lo dicen en el mismo tono que dirían "no le gusta la música" o "no le gusta el deporte", sino inquietos por el futuro de su hijo. Están desilusionados por su presente y se preguntan qué error cometieron en el pasado. Olvidan que, quizá, tampoco a ellos les gustaba o les gusta leer.
Hay montones de gente a las que no les gusta leer. Es una cuestión de temperamento, de intereses, de entorno... Leer es una actividad que requiere concentración. Es necesario amar las palabras, dejarlas resbalar dentro de uno mismo, detenerse a veces para meditarlas, recibir pasivamente el pensamiento de alguien o medirlo con el propio pensamiento. La lectura presupone un cierto silencio, el aislamiento, la inmovilidad, el abandono provisional de cualquier otra actividad.
Es evidente que algunos temperamentos no se adaptarán ni por mucho tiempo ni muy a menudo a este tipo de exigencias. Les hace falta aire, espacio, movimiento. Necesitan actividades sensoriales y manuales concretas, aunque sólo sea manipular el mando del televisor. Esas personas seguro que no han llegado a esta línea.

Para otros las palabras son utilitarias: sirven para explicar, preguntar, responder... Estos jamás se dejarán embarcar en un relato imaginario. Las palabras no les permiten fantasear, no significan más que lo que está escrito. Si un niño no ha aprendido desde pequeño a escuchar cuentos, a imaginar entre las frases lo que "no se dice", a vivir emociones identificándose con los héroes, no encontrará en la lectura más que una sucesión de palabras sin encanto. No habrá emprendido a entrar en la magia del relato.
Aquí es donde los padres podemos echar una mano a la escuela. ¿Cómo ayudar a nuestros hijos a no desanimarse con la lectura?
Tan malo es "no toques ese libro que lo estropeas", como el "toma, coge este, que te gustará".
Ayudar a un niño a ser lector es ayudarle a encontrar su camino entre la selva de libros, sin escoger en su nombre. Y no importa que escoja algunos títulos que no nos gusten a nosotros, es necesario que descubra lo que le gusta a él, lo que prefiere, lo que no le convence.
Para dirigir, o mejor, para acompañar a nuestros hijos, lectores debutantes, es necesario conocer bien sus gustos, su sensibilidad. ¿Le apasionan los animales? ¿Le gustan las brujas, los indios, los dinosaurios? Buscando bien en la biblioteca, una librería, un catálogo... y siempre acompañados por ellos se puede encontrar un tema que les interese. Lo importante es proponer muchos y escogerlos variados.
Y nunca se nos olvide que los padres hemos de predicar con el ejemplo. Si los pequeños crecen en un ambiente... iba a decir "rodeados de libros", pero tampoco hace falta que sean muchos. Y, sobre todo, si crecen viendo a sus padres leer... ya tendremos la mitad del recorrido hecho.
Y si, a pesar de todo, nuestro hijo no lee, pensemos que el gusto por la lectura suele pasar por caminos que, a veces, incluyen inquietantes rodeos.
Hernando de Cárdenas

Publicado en la revista El Candil en febrero de 1992.

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