La
Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Castellar surgió allá por el siglo
XVII, estando fechado en el 14 de abril de 1648 el documento más antiguo que se
refiere a ella. Un protocolo notarial que forma parte del legajo nº 13823,
folio 29 vuelto, conservado en el Archivo Histórico Provincial de Jaén.
De
sus dos primeros siglos de existencia nada sabemos, son la
"prehistoria" de la Cofradía hasta que algún documento, aún por
encontrar, nos dé luz sobre sus actividades en esos años.
Su
historia está condensada en ese montón de páginas verdeamarillentas, toscamente
encuadernadas y protegidas por cuero viejo, que es el Libro de Actas. Un libro
con encanto y al que mimamos como uno de nuestros más preciados tesoros.
En
su primera acta se lee: "En el Castellar de Santisteban a diez
y siete de marzo de mil ochocientos cuarenta y nueve se reunieron los vecinos
de este pueblo en la Sacristía de esta Parroquia con el Sor. Viceprior D. José
Clavijo, para poner la Cofradía de Jesús en la misma forma que antes había
existido..."
Ese
referido "antes" no debía estar lejano ya que el Hermano Mayor
anterior aún vivía, como se desprende del acta siguiente, fechada el 20 de
marzo de 1849, donde entre otras cosas se acordó: "Que a D. Bartolomé
Guerrero, como Hermano Mayor último que había sido de esta Hermandad, se le
exigiese del modo más oportuno los útiles que en su poder hubiese propios de
esta Cofradía..."
La
lectura de las siguientes páginas nos cautiva por sus disposiciones. Ahí están
los motivos por los cuales nació la Cofradía y, al igual que en tantas otras
cofradías hermanas, se fundó con una doble finalidad:
- · Por una parte la función exclusivamente religiosa: El culto a Nuestro Padre Jesús Nazareno
- · Y por otra, los servicios asistenciales a los cofrades enfermos.
Aunque
ambas funciones estaban muy unidas puesto que la asistencia a los cofrades
abarcaba tanto los aspectos materiales: Asignación
de una cantidad diaria a los hermanos enfermos para que no pereciesen de
necesidad y cuidar al enfermo, designándose turnos de uno o dos hermanos para
ello, especialmente de noche. Como los espirituales: Obligatoriedad de confesar y comulgar el día de Jueves Santo,
administrar a los enfermos los santos sacramentos de Eucaristía y
Extremaunción, asistencia al entierro, pago del servicio religioso de este,
sufragios por los difuntos, etc.
Por
supuesto que este sistema de previsión no eliminaba las situaciones de pobreza
entre sus cofrades, pero en una época en que no existía seguridad social ni
entidades aseguradoras, sí que contribuía a paliarlas.
Si
continuamos con su lectura, en sus folios, acta a acta está impreso el
"pulso de la Cofradía". Momentos de entusiasmo, de esplendor y de
decaimiento, fiel reflejo de los avatares de nuestra historia o del celo que en
la dirección de su funcionamiento han puesto las sucesivas Juntas de Gobierno.
De
entusiasmo como el que aparece en el acta de 20 de abril de 1919, donde: "...así
como hacerle a Ntro. Padre Jesús una fiesta solemne, extraordinaria, con
procesión en el día 14 de septiembre próximo, tanto en acción de gracias por no
haber fallecido ningún hermano ni hermana en las dos epidemias que tantas
muertes han ocasionado en el pueblo, de la gripe y de la viruela, durante el
ejercicio o año que cerramos con esta fecha, como para que luzca y estrene la
Imagen la Cruz tallada y dorada con oro de 1ª clase, recientemente
encargada..."
De
esplendor en los años veinte, época dorada de la Cofradía, tiempos de Gabriel
Galdón como Hermano Mayor, reelegido doce veces por aclamación. Años en los que
llega a los 450 hermanos, como lo atestigua el acta de 17 de abril de 1927.
De
decaimiento allá por los años treinta que hace quejarse al por entonces
Secretario, Emilio Mercado: "...ya sea por falta de fe, por las
frecuentes crisis de trabajo en las clases agrícolas o por las corrientes de la
época, de incredulidad o tibieza en la fe, ha disminuido mucho el número de
hermanos, quedando reducida la Cofradía en la actualidad, incluyendo las
hermanas, a unos 200 cofrades, cuando en
otras épocas de más fervor pasaban de 400 y se pagaban los recibos de la
anualidad con más puntualidad. En este año no se hicieron procesiones por las
circunstancias especiales porque atraviesa España, aunque sí se predicaron los
Sermones acostumbrados."
Se
lamenta en esta acta fechada el 12 de abril de 1936 y sigue añorando la época
de esplendor en el acta de 24 de marzo de 1940, comparando los 150 hermanos de
entonces con los más de 400 de antaño y por haber quedado la Cofradía sin
fondos, incautados durante la guerra.
A
partir de estas fechas, salvo breves periodos de resurgimiento, la Cofradía se
limita a "existir y subsistir".
Este
es algo más que un frío libro de actas. Este libro es historia, la historia propia,
la historia de nuestra sangre. Aquí están los nombres de nuestros abuelos, en
esas otras páginas las firmas de nuestros bisabuelos... Y todos con la misma
ilusión: Servir a la Cofradía, a los hermanos y al Nazareno.
No
obstante, en la lectura de sus páginas, aún sin estar claramente especificado,
sin explicar motivos, con la perspectiva que
nos ofrece el tiempo y la visión del conjunto, un hecho no pasa
desapercibido y es que, con el paso del tiempo y la aparición de las entidades
sociales a las que antes nos referíamos, muy necesarias por cierto, nuestra
Cofradía ha ido perdiendo sus funciones sociales y poco a poco la finalidad de
la Cofradía quedó así reducida en la práctica a ser una simple organizadora de
procesiones.
Hoy,
la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Castellar se resiste a asumir
ese pobre papel e intenta, por una parte, restituir en beneficio de sus
cofrades algunos de sus antiguos fines sociales e instaurar otros nuevos
acordes con los tiempos en que vivimos:
- · Ayuda moral y si es necesario económica a sus enfermos.
- · Asistencia, presidida por nuestro Estandarte, de una representación de la Cofradía al entierro de los hermanos fallecidos.
- · Pago del servicio religioso de este.
- · Destinar al menos el 10% de sus ingresos, en colaboración con Cáritas, a la ayuda de los más necesitados.
- · Organizar actividades formativas y recreativas para sus cofrades, dedicando especial atención a los jóvenes.
Y
por otra, gran parte de los esfuerzos de la Junta de Gobierno van encaminados a
alcanzar estos fines fundamentales contenidos en los Estatutos de 1986:
- · Conocer y seguir a Jesús, nuestro Nazareno.
- · Meditar y participar en los Misterios de su Pasión, Muerte y Resurrección.
- · Facilitar a sus cofrades los medios para su formación espiritual.
- · Conseguir que la palabra "hermano" alcance su significado pleno.
Castellar,
Enero de 1992
Francisco
Clavijo Viózquez. Hermano Mayor.
Ponencia
presentada en el II Congreso de Cofradías Nazarenas de la Diócesis de Jaén,
celebrado en Alcaudete el 29 de marzo de 1992.

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