Mientras Dios permita que la Cofradía perdure

"Nuestra Cofradía no debe olvidar que desde su fundación, en la primera mitad del siglo XVII, su fin primordial y para el cual fue creada es la Caridad, y de ello da fe la segunda acta en antigüedad que se conserva, fechada el 20 de marzo de 1849, donde se destaca la asistencia humana, espiritual y económica a los hermanos cofrades enfermos y la obligatoriedad de acompañar al difunto hasta darle sepultura, corriendo todos los gastos a cargo de la Cofradía."
 Así está escrito el artículo 1º del Reglamento de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Castellar, y así lo atestiguan los Estatutos de 1874 y 1909.
Tampoco debemos olvidar el hecho de que mientras las actas de nuestro libro viejo se preocupan, una y otra vez, de que esta asistencia a sus cofrades se cumpla, apenas si nombran de pasada algo tan consustancial a las cofradías, como es la organización de las procesiones.
Con estos antecedentes no es de extrañar que nuestra Cofradía potencie en todo lo posible su Vocalía de Caridad y Convivencia, heredera directa de su tradición asistencial.
Somos conscientes de que hoy no podemos ofrecer lo que antaño, pero también lo somos de que la solidaridad con los que sufren ha sido uno de los valores más profundamente vividos en nuestra Cofradía y que esa caridad hay que adaptarla a los nuevos tiempos y situaciones.
Así nuestra Vocalía de Caridad se preocupa de detectar las situaciones de pobreza, no sólo entre sus cofrades, y en coordinación con Cáritas aportar su pequeño grano de arena, ese 10% de los ingresos para contribuir a paliarlas. Se preocupa de visitar al cofrade anciano tratando de contestar a esa pregunta que toda persona cargada de experiencia se hace un día. Y la Vocalía intenta transmitirles: "No pienses que cada día te acerca más al fin, piensa que cada día te acerca más a Él". Se preocupa de llevarle al cofrade enfermo consuelo y esperanza, a rememorarle que, antes, Él sufrió por todos.
Y en estas visitas, además del calor humano, nunca falta algún pequeño detalle: un día es la Imagen de la foto del Nazareno; otro, el Boletín, el Periodiquillo Juvenil, un ramo de flores, una bandeja de dulces, una placa conmemorativa de su larga vida de cofrade...
Y si a un hermano Dios lo llamase para Sí, como rezan nuestros antiguos Estatutos, ocurrirá lo que dejó escrito un cofrade muy querido por nosotros:
"Que cuando ¡ay! mi vieja máquina
falle en el parón postrero:
¡me amortajen con la túnica,
como mi último deseo!
Y detrás de mi Estandarte,
como con otros lo hicieron,
me lleven por el camino
del que jamás nadie ha vuelto."
Y es que la Cofradía no olvida al hermano que ha partido. El Estandarte preside su velatorio y le acompaña en ese su último viaje. Y se pide por él o por ella en el Funeral que se le dedica, en recordatorios y en la Fiesta de la Cofradía. Y se le recuerda en la Asamblea General, y figura una semblanza de su vida en el Boletín anual de la Cofradía.
Pero, gracias a Dios, la mayoría de los cofrades disfrutan de buena salud y se sienten fuertes. Lo malo es que esa fortaleza también creemos tenerla en la espiritualidad y no consideramos necesario servirnos de charlas, cursillos y cosas por el estilo, siendo este el verdadero quebradero de cabeza de la Vocalía de Formación.
La juventud unida a la experiencia de los miembros componentes de esta Vocalía les ha hecho comprender la situación actual y han llegado a una conclusión: La formación hay que impartirla "disfrazada". Y camuflada va en todos los actos que esta Vocalía organiza: Cuando una vez al año acoge a los nuevos cofrades en un encuentro festivo donde se les informa de los fines de la Cofradía, de sus derechos y deberes y de su obligada asistencia al cursillo que para ser reconocidos como hermanos de pleno derecho, organiza la Parroquia junto con la Agrupación Local de Cofradías.
Cuando se confecciona el Boletín que todos los años ve la luz unos días antes de Semana Santa. Cuando , cercana la Navidad, se reúnen un grupo de jóvenes para editar artesanalmente su periodiquillo infantil-juvenil, donde de una forma alegre y desenfadada cuentan cosas de su Cofradía. Cuando se felicita a los jóvenes aspirantes que ese año reciben por primera vez a Jesús, nuestro Nazareno, en una fiesta infantil. Cuando, en coordinación con las Vocalías de Caridad y Convivencia y Manifestaciones Públicas, pasada ya la Semana Santa, celebra una convivencia campestre con todos aquellos hermanos que han vivido más intensamente los ajetreados días pasados. Y cuando, junto con la Vocalía de Culto, organiza y dirige los turnos de vela al Santísimo.
No obstante comprendemos que aún queda mucho camino por recorrer. El tema de una formación sistemática, una Escuela de Cofrades, es complicado y delicado. Aprovechamos la oportunidad que nos ofrece este III Congreso para hacer un llamamiento a las cofradías hermanas que tengan algún tipo de experiencia en este sentido para coordinar esfuerzos. Es una necesidad hoy día el compartir ilusiones, dificultades, experiencias, logros, errores, proyectos y trayectorias en favor de la formación cristiana de nosotros, los cofrades.
Ser cofrade nazareno supone adquirir un compromiso más con Jesús, y este compromiso no podremos materializarlo si no conocemos a Jesús ni su proyecto. de ahí que la formación no sólo sea necesaria, sino imprescindible. Impartirla es lo delicado y el hacerlo no debe ser tarea exclusiva del sacerdote. Lo complicado es motivar al cofrade.
Más serena, aunque no menos importante, es la actividad desarrollada por nuestra Vocalía de Culto y Espiritualidad. Su misión principal es dominar el miedo y las reticencias que muchos cofrades sienten para participar activamente en los actos de culto organizados por la Cofradía: Vía Crucis en los viernes de Cuaresma, Vela al Santísimo, Funerales, Misas y Fiesta anual. Por este motivo las moniciones, lecturas, peticiones y ofrendas son repartidas entre el mayor número posible de cofrades, tratando de demostrar que no siempre "somos los mismos".
Será el momento actual, será nuestra superficialidad o materialismo, pero hay que reconocer que la Vocalía que más logros espectaculares ha alcanzado es la vocalía de Manifestaciones Públicas.
La procesión de Nuestro Padre Jesús Nazareno o "Madrugá", como se la conoce en Castellar, es como escribía un hermano: "...sentimiento". La Madrugá también es silencio. Ese silencio que, lejos de deprimir, invita al recogimiento. La Madrugá es...Nuestro Padre Jesús Nazareno. Y... ¡quién puede sentirse indiferente, la madrugada del Viernes Santo, al paso del Nazareno? Sentirás lo que yo siento: El amor mezclado con la pena, el deseo de seguir sus pasos, el orgullo de vestir su túnica, y... emoción, una profunda emoción. Emoción que anuda mi garganta, que hace brotar mis lágrimas, que hace temblar mi pecho. Emoción que al ver a Jesús más humano, me hace sentirle más cerca. Y pienso, y quiero que su última madrugada como Hombre sea mi madrugada. Madrugada de mi alma, madrugada de mi fe, la madrugada que tanto espero. Siento y pienso... ¡qué tendrá la Madrugá!
Si esta Vocalía de Manifestaciones Públicas tuviera un lema, seguramente sería: "Podemos hacerlo", porque no hay obstáculo material insalvable para sus componentes. Prueba de ello es el Trono de Nuestro Padre Jesús, el de la Verónica y la Capilla del Nazareno, hechos por los cofrades y sin más gastos que los materiales empleados. Preferimos el sudor de los cofrades a su dinero porque el sudor implica participación. Desgraciadamente aún sobrepasan los socios colaboradores a los hermanos nazarenos.
Y todo esto sin olvidar que nuestra Cofradía se siente Iglesia y trata de integrarse plenamente en la vida parroquial. El hecho de que los miembros de la Junta de Gobierno se encuentren repartidos en todos los sectores parroquiales: Consejo Pastoral, Cáritas, Catequistas, Jóvenes, Equipos de Matrimonios... indica que queremos sentirnos miembros activos y responsables de la Iglesia, porque la Iglesia nos pertenece a todos y de todos depende.
Francisco Clavijo Viózquez. Hermano Mayor.
Enero de 1993.

Ponencia presentada en el III Congreso de Cofradías Nazarenas de la diócesis de Jaén, celebrado en Andújar el 14 de marzo de 1993.

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