Presentación Cartel Semana Santa 2007

Reverendo Sr. Cura Párroco de la Iglesia de Ntra. Sra. de la Encarnación. Sra. Alcaldesa Presidenta del Excmo. Ayuntamiento de Castellar.
Miembros de la Corporación Municipal.
Sr. Presidente de la Agrupación Arciprestal de Cofradías.
Sr. Coordinador de la Unión Local de Cofradías.
Hermanos y Hermanas Mayores.
Miembros de sus Juntas de Gobierno.
D. Felipe Herreros, autor de este Cartel
Hermanos Cofrades.
Sras. y Sres.
Bienvenidos todos a este acto de presentación del Cartel de  nuestra Semana Santa 2007. Y muy especialmente nuestro saludo al que ha de ser, o mejor dicho, ya es nuestro “guía” en el diario quehacer cofradiero, D. Julio Ángel Delgado. ¡Ojalá le podamos dar la “lata” muchos años!
En este acto, como ya he dicho, vamos a presentar un cartel. Cartel surgido de las manos portentosas de D. Felipe Herreros. Cartel que nos muestra el color del lirio; que  nos trae aromas de cera, incienso, claveles y azucenas; que nos anuncia esa Semana Santa tan nuestra:
La de las palmas doradas,
la del Vía Crucis sangrante,
la mágica Madrugada
del morado Nazareno,
la triste noche del viernes,
la de mujeres de luto
con su Dolor y su Entierro,
y la del Cristo triunfante.
Cartel que ha de pregonar gráficamente que aquí en Castellar, la Pasión de Jesús, se representa por sus calles y plazas como ocurrió, hace ya dos milenios, en Jerusalén. Porque nuestras Cofradías Penitenciales ofrecerán esta Semana Santa, como en tantas otras lo han hecho, el testimonio de espiritualidad y amor que caracteriza a los castellariegos, haciendo que quienes vean nuestras procesiones sientan en su corazón lo que Jesús vivió.
         Este año nuestro Cartel de Semana Santa tiene como protagonista la imagen de Jesús con la Cruz a cuestas: “El Nazareno”. En cualquier lugar, villa, pueblo o ciudad de este Santo Reino, nombrar al Nazareno es pronunciar algo grande, serio, profundo, consubstancial con el pueblo. Asistir a sus salidas, sus entradas o sus pasos estratégicos, es presenciar y vivir una experiencia llena de algo que no sabemos definir, pero que pone el “pelo de punta”, y más de un duro corazón se vuelve tierno de lágrimas, de suspiros... oraciones.
         ¿Qué voy a decir yo que no se haya dicho y cantado ya sobre la Imagen protagonista de este Cartel?
         No tengo más remedio que recurrir a cantos que no son míos pero que siento como míos, pues mis labios no alcanzan a expresar lo que mi alma quiere gritar.
   Ojos de amor entregado,
ojos de mi Nazareno,
que estremecen mis entrañas
y mi alma por entero.
Manos de dolor llevado
a cuestas como una cruz
redimiendo mis pecados,
mi amado Padre Jesús.
         ¿Quién no se ha sentido sobrecogido al contemplar la mirada herida del Nazareno?
         ¿Quién no se ha conmovido ante la cercana presencia de esta Imagen, de un Dios descendido a la humana altura de sus hijos?
         ¿Quién no se ha sentido extrañamente atraído por la poderosa fuerza del mensaje que irradia la Cruz del Nazareno?
         Arriba, en el trono, Dios camina y escuchas su soledad. Dios y su Madre se pasean por nuestras calles para darnos la luz de sus rostros, para embelesarnos con su mirada, para clavarnos el rayo de la fe, para darnos ánimos y empujarnos adelante, para ofrecernos ejemplo de esperanza, de humildad, de perdón, de pasión, de misericordia, de piedad y de redención.
Al contemplar su Imagen en este Cartel me entran ganas de gritar:      Contigo siempre, Jesús. En la morada “Madrugá”, cuando la luz de la aurora se entristece al besar tu frente ensangrentada. Contigo en la roja noche del miércoles. Contigo en la triste noche del viernes. Contigo en el glorioso domingo, testigo de tu resurrección y la nuestra. Contigo al mediodía, al atardecer y al anochecer. Ayer, hoy y siempre.
Contigo todos, Señor, y con tu Madre, nuestra Madre, María de la Esperanza, de Consolación o de los Dolores. Y con San Juan y la Mujer Verónica.
Vivimos con satisfacción el gozo de tener vuestras Imágenes, porque su influencia emotiva sobre cada uno de nosotros, despierta, estimula y sostiene nuestra fe y el amor hacia Dios Nuestro Señor, lanzándonos a vivir de Él por la oración, por los Sacramentos y, sobre todo, por la Eucaristía.
Este Cartel me produce honda meditación al contemplar el dolor de Jesús sobre el costo de nuestra liberación del pecado y de la muerte por el mismo Dios hecho hombre.
         Y pienso que este Cartel nos está pidiendo que ayudemos a llevar la cruz de tantos y tantos hermanos y limpiemos sus rostros ensangrentados.
                  Ya habréis comprobado que esta Imagen… ¿cómo se dice ahora?... me “ha enganchado”. Y no quisiera terminar sin antes poner en mis labios unos versos ya cantados, en este mismo lugar, en un pasado pregón de nuestra Semana Santa.
Aunque seas de leño viejo
y tus espinas de plata,
yo te busco más adentro,
carne y hueso es tu estampa.
Aunque fuesen manos de hombre
las que tu Imagen tallasen,
aunque el paso de los años
tu encarnadura desgasten
y en la capilla tus ojos
de contemplarme dejasen.
Aunque no quedase nada:
ni manos ni pies descalzos
ni tus heridas sangrantes
ni tu rostro sosegado
ni espinas en tu corona
ni potencias hacia el cielo
ni la cruz a la que abrazas
ni velas ni nazarenos
ni la túnica morada
ni sudor de costaleros
ni Fiesta ni Madrugada
y ni Calvario ni Encuentro.
Aunque no quedase nada,
sólo un tronco carcomido,
yo seguiría rezándote,
mi Jesús el Nazareno,
mi Señor con el madero,
mi buen amigo, mi hermano,
mi Padre Dios hecho humano.

Francisco Clavijo Viózquez
2007

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