Buenas noches, María
Romería 2009
No me gusta verte, Madre,
sufriendo al pie del madero,
ni llorando, ni gimiendo
tras el divino Cordero.
Yo quiero verte, María,
poniendo al Niño el babero,
sentada escuchando al Maestro,
ayudando al Carpintero.
Diecisiete años,
Madre. Diecisiete años hace que te dirigí unas palabras parecidas y aún sigo pensando lo mismo. Por entonces te
pedía que nos mirases con esos ojos profundos, como los de mi madre terrenal.
Desgraciadamente ya no puedo verte en ellos. Dios se la llevó un día, hágase su
voluntad. Del mismo modo te pedía que volvieses a nosotros esos ojos grandes,
como los de la mujer que amo. Tú sabes que todos los días doy gracias por seguir
teniéndolos a mi lado En ellos te veo continuamente.
Esta noche, diecisiete años
después, vuelvo a pedirte que dirijas a nosotros esos ojos oscuros, grandes y
profundos. Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos y…
Mira a tu pueblo, Señora,
su consuelo y su esperanza,
que al sentir cerca tu vuelta
se desvive en alabanzas.
Mira a tu pueblo, María,
Consolación añorada,
que todo el que allí quedó,
¡con cuantas ansias te aguarda!
Mira a tu pueblo, mi Reina,
sublime estrella del cielo,
mira este mundo aturdido,
¡cuánto malo y cuánto bueno!
Mira a tu pueblo, Señora,
mira a sus gentes, María,
que a pesar de sus defectos
a Ti implora, en Ti confía.
Mira estas gentes, María.
Por Ti nuestro pueblo dejan,
por Ti a la Espinosa vienen,
por Ti soñando suspiran,
por Ti viven todo el año,
por Ti lágrimas afloran,
por Ti se escuchan las risas,
por Ti carrozas adornan,
por Ti una esperanza tienen,
por Ti campanas repican.
Y, mañana mismo ya
anochecido, por Ti olvidaremos nuestras pequeñas o grandes cosas, nuestras frívolas
diferencias y todos seremos uno, todo un pueblo te sigue, todo un pueblo te
abraza, con el alma en la garganta. Por Ti mujeres y hombres. Por Ti jóvenes y
viejos.
Por Ti el azul y amarillo,
por Ti el rojo y el blanco,
por Ti ondeará la bandera
de este pueblo que amo tanto.
Por ti piropos y vivas,
por Ti saludos y abrazos,
por Ti ofrendas de rodillas,
por Ti y tu Niño en brazos.
Pero eso será mañana, María, ahora…
En esta noche de mayo
bajo luceros y estrellas,
los mil pétalos de flores,
el aire lleno de aromas,
las tiendas multicolores,
sonidos de sevillanas,
el olor de los asados
y el humo de las hogueras;
vengo a pedirte, María,
que ante Jesús intercedas.
Y a Él
le recuerdes la misma petición que, en otra ocasión y con toda el alma, le hice:
Y en su nombre terminar
con el hambre y la miseria,
el dolor de los enfermos,
las heridas de la guerra,
la soledad del anciano,
de los niños la tristeza,
la familia sin trabajo,
la calumnia y la injusticia,
el indigente sin techo,
el emigrante en patera.
Bien sabemos que somos
nosotros los que debemos arreglar este mundo pero ya hemos demostrado
sobradamente nuestra incapacidad para hacerlo, así que…
Ayúdanos, Madre mía,
a esta sociedad cambiar.
La envidia, la hipocresía,
el yo y el acaparar,
la desgana, la apatía,
la soberbia y el odiar…
Ayúdanos, Madre mía,
¡con lo fácil que
es amar!
¡Buenas noches, mi
Señora!
¡Contigo siempre,
Jesús!
Francisco Clavijo Viózquez
Noche del 2 de mayo de 2009


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