Soñar no cuesta nada

“Sueño con un pueblo limpio que dé gusto verlo, con parques y jardines, con verdes entradas, con nuestras dos iglesias iluminadas. Sueño con un pueblo próspero, con talleres y fábricas, en el que no falte el trabajo, donde no existan trabas. Sueño con un pueblo alegre, animado y jaranero, aunque eso ya lo tenemos. Sueño con un pueblo en el que gusten vivir, niños, jóvenes, padres y abuelos; con más columpios y mejores escuelas, con un instituto decente, con un cine que nos sirva también de teatro, con un polideportivo cubierto, con unos locales amplios donde cada edad pueda desarrollar su inquietud, gozar su descanso. Sueño con concursos y competiciones de todas clases: deportivas, culturales, gastronómicas, artesanales... ¡cuánto daría por saber quién cultiva la mayor sandía! o ¿quién criará el conejo más descomunal? Sueño con un museo de la memoria donde nuestros hijos aprendan que “los mulos” no es el nombre de un conjunto de rock, o que la recolección de cereales no consiste en comprar unas cajas de kellogg´s. Sueño con no tener que hacer un viaje eterno cada vez que me pongo enfermo. Sueño con un pueblo donde se critique sólo para mejorar y se piense un poco antes de hablar, donde de vez en cuando, sólo de vez en cuando, creyéramos que el otro puede tener razón, donde pensemos que todo depende del color del cristal con que se mira.  Sueño con un pueblo abierto y solidario, donde en él se respire interés y amor por todos los pueblos, por todas las razas, por todas las lenguas, por todas las culturas, por todas las religiones... Por soñar, sueño hasta con agua para nuestros campos regar.”
Ya va para cuatro años que pronuncié estas palabras en un pregón de fiestas y aún sigo soñando. Muchas veces he intentado aportar mi granito de arena para que esos sueños pudiesen llegar a ser realidad y, otras tantas, me he sentido como papel vapuleado por el viento, como pez nadando contra corriente. Y muchos, al leer estas líneas, me reprocharán el que siempre me haya negado a participar en lo que, teóricamente, contribuiría más a mejorar el bienestar de mi pueblo: la política.
Pero, es que, Aristóteles no me conocía a mí cuando dijo que “el hombre es un animal político”. (No lo digo por lo de “animal”, sino por lo de “político”). Bajo mi forma de pensar, y reconozco de antemano que puedo estar equivocado, nunca podría afiliarme a un partido político y, mucho menos, someterme a su disciplina, ya que, de hacerlo, sería como reconocer que ese partido es el que para mí lleva toda la razón y los demás se equivocan. Cuando, en realidad, en todos los partidos hay algo que me gusta y otro algo que me disgusta. Así que, en este aspecto,  me limito a ejercer de buen ciudadano, votando al que en ese momento creo que mejor lo pueda hacer, y no siempre coincide mi decisión en el mismo. Vamos, que no soy un forofo de partido. (No debe ser esto tan raro porque, en el fútbol, me pasa igual).
Eliminada la vía política aún quedan otras opciones donde trabajar por mi pueblo y una de ellas me vino de la mano, o, mejor dicho, de la boca de Mariano Muzas cuando, a un grupo de “hijos del pueblo” nos propuso formar la Asociación “Amigos de los Museos de Castellar”.
Pero... -¿cuántos museos tiene Castellar? –te estarás preguntando. Pues mira, oficialmente reconocidos no tiene ninguno; de hecho cuenta con dos, (el Arqueológico y el de la Colegiata); y, de derecho y poniendo un poco de entusiasmo podría tener perfectamente cuatro, (si añadimos a los dos anteriores el de la Memoria o Etnográfico y el de la colección de pintura moderna, que cada año aumenta tras los Certámenes y donaciones). Pues tras ello estamos, prestando nuestro apoyo, gestiones y trabajo para que, un día, llegue a ser realidad este título tan ambicioso: “Amigos de los Museos de Castellar”.
No se limitan nuestros sueños a la creación de museos. Uno hecho realidad es la celebración de los Certámenes de Pintura Rápida. Te recomiendo que, ese día, te des un paseo por nuestro casco antiguo y sus alrededores. ¡Te sorprenderá el pueblo tan bonito que tenemos!
Soñamos con rehabilitar la cultura Ibera, acondicionando el Santuario e instalando un monumento que la perpetúe en el casco urbano. Soñamos con preparar a nuestros mayores para que sirvan de guías a los visitantes, cada vez más numerosos, y presuman ante ellos de nuestro patrimonio histórico. Soñamos con que las Jornadas de Investigación, que nos proponemos organizar, sirvan para recopilar y preservar cualquier aspecto de nuestro entorno que pueda perecer en el olvido. Soñamos...
Lo importante es que no se nos acabe la capacidad de soñar. No creo que eso suceda porque, en el fondo, todos somos unos soñadores. Y, es que, soñar no cuesta nada.
Francisco Clavijo Viózquez

Secretario de la Asociación Amigos de los Museos de Castellar.

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