Muchas
veces nos hemos quejado de los tópicos que sobre los andaluces circulan:
"Juerguistas, poco trabajadores, siempre echando la siesta, guitarras,
castañuelas y toreros..."
Como
cristiano que intento ser, también me he dado cuenta que ni la Iglesia se libra
de ciertos tópicos que a mi modo de ver, desvirtúan su auténtico sentido.
Veamos
uno de ellos: Para una gran mayoría la Iglesia es el templo, edificio o casa de
Dios. Lugar donde se imparten Sacramentos y en el que hay que estar recogidos,
serios y, si acaso, llorosos. Nos escandaliza si en él hay alegría o suenan
aplausos. Como si Dios prefiriera la tristeza, el dolor o el vacío de un gran
edificio. Pienso que hemos sacralizado en demasía este espacio.
¡Qué
equivocados estamos! Iglesia es la comunidad de seguidores de Jesús y las
primeras comunidades ni siquiera tenían templos, se reunían en casas y todos
sabemos que en una casa caben por igual la alegría y la tristeza, dando
preferencia a la primera. Es más, en el Evangelio comprobamos que Jesús no
necesitaba de templo alguno para difundir su Mensaje.
Para
Jesús el lugar de culto no es el santuario, sino las personas y cito palabras
más autorizadas que las mías: "El
templo son las personas, es la comunidad y todo lo que la comunidad comporta en
sus relaciones humanas, fraternas y solidarias."
Para
otros, Iglesia son los sacerdotes, obispos y beatos. Estos otros sienten
"algo" por Jesús y ven su Mensaje como algo bueno, pero no quieren
saber nada del "montaje" que se ha hecho a costa de Jesús. Iglesia
les suena a "rollo".
¿Quién
es capaz de romper este tópico? ¿Quién tiene la culpa de esta forma de sentir?
Sin duda nosotros mismos, es decir, la Iglesia como comunidad. Puede que sea
cierto que tras la sencillez de las primeras comunidades que todo lo compartían
y elegían a sus "ministros", no habiendo separación, ni privilegios,
ni categorías entre ellos; al masificarse comenzase el "montaje" y
que para sostener su organización la Iglesia tuviese que acumular riquezas y el
protagonismo del clero aumentase frente al pueblo y, muchas veces, aliarse con
el poder, alejando de ella a los más humildes.
Pero
también es cierto que, a pesar de estas limitaciones consecuencia de nuestra
condición humana, la Iglesia nos ha conservado y transmitido el Mensaje de
Jesús. En ella hemos vivido la fe, un poco a nuestra manera, es cierto, y en
ella podremos vivir el compromiso que se nos presenta como cristianos.
¿No
es significativo el hecho de que tras veinte siglos de luchas, cambios de
pensar, ser perseguida y ser perseguidora, sacrificios y errores, la Iglesia
continúe haciendo visible a Jesús en el mundo? Sin duda el Espíritu de Dios
está tras ella y a nosotros, guiados por ese Espíritu, corresponde romper con
nuestro vivir esos tópicos que hemos contribuido a crear al haber separado
nuestra vida religiosa de nuestra vida cotidiana.
Hernando
de Cárdenas.
Publicado
en la revista "El Candil" en abril de 1991.


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