“Cuando las barbas del vecino veas afeitar…” Esto
mismo venía diciendo yo cuando los medios de comunicación informaban que,
sucesivamente, varios países de la Unión
Europea : Irlanda, Italia… habían prohibido que se fumase en
lugares públicos. Esperanza que se vio alentada cuando esos mismos medios de
comunicación anunciaban a bombo y platillo que nuestro Gobierno pensaba poner
en práctica en España, tras ser aprobada por el Congreso de Diputados, la ley antitabaco.
¡Por
fin podría tomarme a gusto una cerveza sin que me escociesen los ojos, se me
irritase la garganta o la nube de humo que había penetrado directamente en mis
pulmones hubiese dejado la frase que estaba diciendo a medio! ¡Por fin mi
chaquetón podría ir directamente a su percha del armario sin tener que pasar
antes por la cuerda del patio para que se liberase del persistente olor a
tabaco que lo había impregnado en el ahumadero!
Ya
tenemos aquí la tan cacareada ley y… ¡mi gozo en un pozo! Y es que no contaba con nuestra clásica
chapucería. España es diferente y, claro, no podíamos tener una ley igual a la
de los países citados. No. Había que hacer una ley que contentase a todos o,
mejor dicho, había que echar el “mochuelo” a otros y así nos ha salido: ¡una
chapuza!
Que
si estos metros o los otros… Que se puede elegir el fumar o no fumar… ¿Y quién
mejor que el propio dueño para decidir si en su local se fuma o no se fuma?
¡Pues yo soy el dueño de mi coche y la ley no me da opción a decidir si los
ocupantes de mi vehículo se ponen o no el cinturón de seguridad! Y no me da
opción porque una ley se aplica para defender el “bien público” y ante eso los
derechos individuales son muy discutibles. Veamos: Un fumador tiene derecho a
envenenarse si ese es su deseo; pero, también, un no fumador tiene derecho a
que no se le envenene. Derechos tienen los dos, pero… ¿y el bien público? Si,
como está comprobado, el tabaco perjudica la salud… ¿a qué vienen tantos
remilgos a la hora de elaborar una ley antitabaco efectiva? ¿Cree el gobierno
de turno que poniendo en las cajetillas “el tabaco perjudica la salud”, ya ha
lavado su responsabilidad? Si ya se han dado casos en que varios fumadores
afectados por diversos tipos de enfermedades respiratorias a causa del tabaco,
han denunciado a la tabacalera por “haberlos envenenado…” ¿no podríamos los no
fumadores, de estar en la misma situación, denunciar a los fumadores o en su
defecto al Gobierno por haber permitido que nos envenenasen? Tiempo al tiempo.
Como
en mi trabajo ya hacía años que no se permitía fumar, yo, a esta ley no le veo
más que inconvenientes. ¿Qué me decís de la bodas? Los locales donde se
celebran los banquetes tienen más de cien metros cuadrados, luego… los novios
tendrán que poner en su tarjeta de invitación: “Rogamos devuelvan la tarjeta indicando el número de asistentes y si
son o no fumadores”. ¿Qué hará la familia invitada si en sus miembros se
dan los dos casos? ¿Se dividirán o una parte de ellos se sacrificará? Y de
sacrificarse… ¿quién lo hará, los fumadores o los no fumadores? Y ya en el
banquete… ¿dónde se situará la mesa de los novios para que nadie se sienta
discriminado? ¿O se dividirán también los recién casados según fumen o no? ¿Y
el clásico cigarrillo que los novios entregan indiscriminadamente a todos los
asistentes? Muchas personas, ya sea por el ambiente, por cumplir o por
utilizarlo a modo de brindis, son los únicos pitillos que se fuman en su vida…
¿tendrán que irse para hacerlo a la zona de fumadores? ¿O para respetar los
derechos de todos, sin que se arme follón en el salón, los novios tendrán que
entregar cigarrillos a unos y mascarillas antigas a otros?
Mucho
me temo que va a seguir todo igual; aunque, pensándolo fríamente, las cosas
para los no fumadores no siguen igual sino que están peor. Antes en un bar, si
el de al lado te tenía ahumado, le decías: “¡Hombre,
que me estás asfixiando!” Y el interpelado se contenía un poco en el número
de cigarrillos o, al menos, apuntaba la chimenea para otro lado. Ahora, si le
dices eso, te puede contestar con toda la razón que le concede la ley: “Aquí se permite fumar, si te molesta no
entres”.
La
situación actual me pone a pensar en lo siguiente: Si las estadísticas dicen
que el porcentaje de no fumadores es
superior al de fumadores, ¿qué ha llevado a decidir a la inmensa mayoría de los
bares y cafeterías a poner en sus puertas el letrero de “Se permite fumar”? ¿Será para evitar enfrentamientos con quienes
harían caso omiso de la prohibición en el caso de haberse decidido por esa otra
opción? ¿O será que los fumadores son, también, los más bebedores? ¡Vaya, vaya!
Esto daría materia para elaborar toda una tesis doctoral: “Sociología del
tabaquismo”.
¡Y
yo aplicando a mis alumnos programas de prevención contra la drogadicción, como
el famoso DINO! ¡Qué pérdida de tiempo! Ellos no son tontos y se están dando
cuenta de que la sociedad premia a los fumadores porque, si se decidiesen a no
fumar en un futuro, se enfrentarían a esta disyuntiva: O no podrán entrar en
los únicos lugares de esparcimiento que tenemos en el pueblo, o sea, los bares;
o, si entran, sus pulmones tendrán que aguantar a que los demás fumen por
ellos. ¿De qué vale que yo les diga que el tabaco perjudica la salud si, al ir
con sus padres a los bares, ven que allí todo el mundo fuma? ¿Cómo va a ser
malo el tabaco si a ellos les permiten estar allí rebozados en humo? ¡Me
imagino lo que pensarán del “inocente” maestro! ¿No sería mejor aplicar
programas más realistas? Por ejemplo: “Cómo ser un buen fumador pasivo”. “Cómo
respirar en una atmósfera viciada” “Qué hacer cuando en un local de no
fumadores alguien se pone a fumar” Como me sucedió a mí hace poco en Linares que,
estando tomando una cerveza en un local donde no se permitía fumar (pocos hay
pero ya les voy echando el ojo) un “caradura” se fumó altaneramente un cigarro
sin que camareros o clientes le reprochásemos su actitud, aunque por las
miradas que nos cruzábamos, todos pensásemos igual. Lo que, por otra parte, me
hace pensar que estamos en el país de la “mayoría silenciosa” y, aprovechándose
de esa general pasividad, las minorías campan a sus anchas. Y no sé por qué me
acaba de venir a la mente algunos políticos de esos partidos "bisagra".
Volviendo
a los programas de antidrogadicción, en este caso antitabaco, ya que el ejemplo
es el que falla, pienso que sería más conveniente enseñar métodos de “Resistencia”
a los que podríamos clasificar en: Pasiva: No entrando en locales
viciados. Activa: Si el fumador tiene derecho a lanzar bocanada tras
bocanada de humo, ¿por qué no va a tener derecho el no fumador a lanzar
bocanadas de cerveza? Pero eso sí, para no perjudicar la salud de los demás,
que la cerveza sea sin alcohol.
Francisco Clavijo Viózquez
Enero de 2006.

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