Mi nombre es Francisco
Clavijo Viózquez y nací en Castellar el 11 de septiembre de 1952. Soy el mayor
de tres hermanos, Francisco, Sotero y Antonio y mi infancia fue como la de
cualquier niño criado en los años cincuenta, con mucha más escasez entonces que
en los tiempos actuales.
De lo primero que debo estar
agradecido a mis padres, Ventura y Atelia, tras traerme a la vida por supuesto,
es de que el accidente que sufrí a los tres años y del cual aún conservo
cicatrices, no influyese en mi educación; es decir, el que prácticamente
perdiese un año de mi infancia no hizo que mis padres me sobreprotegieran.
Estudié, jugué y trabajé como cualquier otro niño de mi condición, incluso
diría que trabajé más que muchos pues desde muy temprana edad y siempre que no
tuviese escuela mi padre me llevaba al campo. Al principio para correr detrás
de la "perrilla", buscar nidos y observar cualquier animalillo que se
cruzase en mi camino. Eso sí, mi respeto hacia ellos debió ser innato, no
recuerdo haber hecho daño a propósito a ninguno de ellos. Después ya no hubo
tiempo para eso y comenzó mi trabajo en serio, proporcionado a mi edad, claro.
Los únicos días que tenía "para mí" eran el viernes santo, los días
de fiestas en los que había toros y el 18 de julio porque la guardia civil
multaba si te pillaban trabajando. Aún así guardo muy buenos y entrañables
recuerdos de aquella etapa de mi vida.
La primera vez que dejé de
decir que no quería estudiar fue un frío, húmedo y desapacible día de enero,
atascado en el barro de "la Nava". Todavía me parece oír la voz de mi
padre diciéndome: "Ya sabes lo que
te espera si no estudias". Yo tenía entonces once años. Mis hermanos debieron pasar por lecciones
similares y ahora comprendo y valoro el esfuerzo que para mi padre debió
suponer no sólo el costearnos estudios a los tres, sino, sobre todo, el tener
que renunciar a la ayuda que en las faenas del campo le hubiésemos prestado sus
tres hijos varones. Pero mi padre siempre se sintió orgulloso de haber apartado a sus tres hijos del campo. De mi madre, que murió relativamente joven, siempre recordaré su ternura y también su firmeza a la hora de educarnos.
Mi juventud siguió por el
mismo derrotero: colegio de nueve de la mañana a ocho de la tarde, incluidos
sábados, y el resto de los días a trabajar al campo. Recuerdo que envidiaba a
mis amigos. A los que estudiaban conmigo por tener "libres" los días
que no había colegio, y a los que tenían algún trabajo porque siempre disponían de algún
dinerillo en el bolsillo. No obstante tuve la suerte de tener un grupo de
amigos sanos, creativos y activos. Fue la época del "Club Juvenil",
un periodo de teatros y actividades que todavía no me explico cómo sacaba
tiempo para ellas. Me nombraron tesorero del Club y ahí "comencé el
melón" en cuanto a cargos sin beneficios se refiere, parece ser que ya por
entonces tenía fama de "formal".
Obligado por mis padres a
estudiar (de lo que siempre les estaré agradecido) tras pasar por la escuela de
Dª Gloria y de D. Luis Berzosa, hice el Bachiller en el colegio "Sagrado
Corazón", más conocido por el "Colegio de la Señorita" de
Castellar, y me examinaba en el Instituto "Santísima Trinidad" de
Baeza, donde ahora es profesora de inglés mi hija Reyes (cosas de la vida). También
guardo gratos recuerdos de mis maestros y así quise reflejarlo en un artículo
que escribí para el anuario de las fiestas del pueblo y que titulé "De bien nacidos es...". Tampoco
se me dio opción a elegir la profesión que me gustaba y mi padre me empujó a
intentar ser "Maestro". Otra cosa en la que le debo agradecimiento
pues más tarde me llegué a identificar tan plenamente con mi profesión que me
he dedicado a ella en cuerpo y alma.
Estudié Magisterio por libre,
obteniendo plaza de Maestro en la Oposición de 1974. Mi primer y único destino
ha sido el Colegio de Educación Infantil y Primaria "Román Crespo" de
Castellar, donde se ha desarrollado toda mi vida profesional, desempeñando el
cargo de Jefe de Estudios durante dieciséis años y Director en mis últimos
cuatro años de ejercicio, aunque por encima de todo siempre me he sentido
Maestro y siempre me ha gustado más el aula que el despacho.
Al terminar mis estudios y
mientras se decidían a convocar oposiciones, me alisté voluntario en el
ejército y allí oculté mis estudios y mi título para que no me destinasen a la 5ª o 6ª Compañías que hacían servicio en oficinas. Tampoco quería ir a la 7ª que era la de conductores, ya que no me seducía coger el coche de un
jefazo por las calles de Madrid, por lo que también oculté que disponía de carnet de conducir. Yo quería "pegar tiros" (cosas de la
edad) y fui destinado a la 1ª Compañía de Armas del Batallón de Infantería
del Ministerio del Ejército. No debí hacerlo mal pues me ascendieron a Cabo 1º
y aunque me chupé más de cincuenta guardias fue otra etapa bonita de mi
vida que sin dudar repetiría otra vez. Allí hice grandes amigos que, por
cierto, se reengancharon y hoy el que menos se ha jubilado de Comandante,
ganando mucho más que yo. Pero yo ya tenía claro lo que quería ser en la vida.
La fortuna debió sonreírme
cuando me licencié pues al fin se decidieron a convocar oposiciones tras tres o
cuatro años de tenerlas congeladas, y sobre todo conocí a Juani, la mujer
más guapa, dulce y buena con la que pudiera haber soñado. Nos casamos en 1977,
el 26 de julio. Era martes y por si fuera poco "doble 13". Y a pesar
de eso y sin lugar a dudas fue lo mejor que he hecho en la vida. Junto a ella
he pasado los años más maravillosos de mi existencia. Fruto de nuestro amor nacieron
nuestras dos hijas, Reyes y Nieves que han heredado el corazón de su madre y la
entrega a la profesión de su padre.
Mi vida profesional la he
compaginado con diversos servicios a mi comunidad y mi pueblo. He sido miembro
del Consejo Pastoral Parroquial, colaborador en Pastoral Matrimonial, miembro
del Equipo Editorial de la revista "El Candil" en la que publique
diversos artículos que he puesto en este blog, Juez de Paz de Castellar durante
cinco años, Hermano Mayor de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno
durante ocho, participando con sendas ponencias en diversos Congresos de
Cofradías Nazarenas y dirigiendo el Boletín de la Cofradía durante más de
veinte años. Fui Secretario de los Amigos de los Museos de Castellar, Pregonero
de la Romería de Ntra. Sra. de Consolación de 1992, Pregonero de
las Fiestas de Castellar de 2000, Pregonero de la Semana Santa de Castellar de
2005, Presentador del Cartel de Semana Santa de 2007... En ese aspecto estoy
tranquilo y no me encontraré sorpresas, pues no me queda ninguno por hacer.
En septiembre de 2012 me
jubilé, y todavía recuerdo y agradezco el cariño y reconocimiento que tuve de
alumnos, padres, compañeros y Corporación Municipal. Y lo que yo creía el
comienzo de una etapa dorada y tranquila de mi vida, se truncó por la
inesperada muerte de mi esposa, víctima de una de esas raras y fulminantes
enfermedades, lo que me sumió en una profunda crisis que me apartó de todo y de
todos. Dudo que haya habido una jubilación más triste que la mía.
Actualmente vivo retirado,
dedicado a los quehaceres de mi casa, manteniendo como puedo las macetas de mi
mujer, perdiéndome en el campo, poniendo orden en los apuntes y fotos tomados a
lo largo de mis viajes (una de mis pasiones favoritas), retomando las nuevas
tecnologías que dejé aparcadas al jubilarme, leyendo, escribiendo de vez en cuando lo
que siento...
Y a pesar de mi vacío
interior formo parte de la Comisión Organizadora del Certamen Internacional de
Pintura Rápida de Castellar, del Equipo de Cáritas Parroquial y soy Secretario
de la Asociación para la Conservación del Patrimonio Histórico y Cultural de
Castellar, cargos en los que me ha visto metido sin
comerlo ni beberlo, como en todos los que he desempeñado. Cargos en los que,
como decía mi padre, "sacas los pies
fríos y la cabeza caliente", pero en los que intento cumplir sin
reservas. Ya a lo único que aspiro es a terminar mis días en paz y reunirme con
Juani.
Pero no me dejan.






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