Pájaros irresponsables

La primavera, hermosa primavera la de este año, toca a su fin y con ella también termina una de las épocas más atareadas para los canaricultores. Concluida la temporada de cría con sus alegrías y decepciones pero siempre sorprendente ante el milagro de la vida y repleta la voladora de jóvenes e inquietos pajarillos, pasamos a un periodo de observación en el que iremos depositando nuestras ilusiones en este o aquel pájaro, de cara al examen final de temporada: los concursos.
Estos suelen tener lugar ya avanzado el otoño y para participar en ellos el entrenamiento que exige de los pájaros, sobre todo en la variedad de canto, pone a prueba la paciencia del canaricultor más ilusionado ya que deben acostumbrarse a cantar en cualquier situación y ante personas extrañas, entre ellas el juez que los califica. La dificultad aumenta si, como un servidor se empeña, presentamos los canarios en equipo, es decir, un conjunto de cuatro cantores con las mismas notas y melodías que, por supuesto, deben cantar los cuatro pues las puntuaciones de cada uno de ellos, sumadas forman la puntuación del equipo.
Pues bien, no es la primera vez que me ocurre que, llegado el momento de la verdad y ante el juez calificador, uno de los pájaros cierra el pico y por mucho que oiga entonarse a sus compañeros de equipo no hace nada por seguirles, echando por tierra mis ilusiones y el esfuerzo de sus compañeros. A eso yo le llamo ser un pájaro irresponsable. Un pájaro egoísta que sólo va a lo suyo y le importa muy poco perjudicar a los demás, haciéndoles cargar con su parte de responsabilidad. Un pájaro perezoso que se esforzó lo suficiente durante el entrenamiento y una vez conseguido el puesto... "Aquí me las den todas". Escurre el bulto y parece tener presente la máxima de que "el trabajo es malo para el hombre, perdón, para el pájaro", la prueba es que cansa. Un pájaro insolidario, parásito y que, aprovechándose del esfuerzo ajeno, encima se las da de listo. "¡Si esto es labor de equipo... que trabajen los demás!"- pensará. Un hombre, otra vez perdón, quiero decir un pájaro que no cumple con su obligación de pájaro, ni hace honor a su raza de canto.

Pero, por otra parte, hace ya tiempo aprendí que las cosas no son tan sencillas como parecen, ni la vida es tan simple como para catalogarla en lo "blanco" o lo "negro", sino que hay muchos matices de "grises" intermedios. Y pensando en esto, ¿quién me asegura a mí que el pájaro que me falló en el concurso no le dolía ese día la cabeza o la tripa, o simplemente le traicionaron los nervios al encontrarse en un medio extraño a su ambiente y verse rodeado de gente desconocida? En definitiva ¿quién soy yo para juzgar si un "pájaro" es responsable o irresponsable? Creo que ese "pájaro" merece al menos que se le conceda otra oportunidad.
¡Y luego dicen que criar pájaros es una pérdida de tiempo!
Hernando de Cárdenas.

Publicado en la revista "El Candil" en mayo de 1996.

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