Aquel Club Juvenil

Me han dicho que un grupo de jóvenes intentan poner en marcha la Asociación Juvenil. Me alegro y les animo en esa labor, aunque imagino que mi aliento no les hará falta. Sólo tengo que retroceder veintitantos años y recordar con qué ilusión, mi panda y yo, ingresamos en aquella Asociación Juvenil que puso en marcha D. Jesús y que nosotros llamábamos "Club". ¡Por fin teníamos un lugar donde juntarnos y pasar el rato!
Cierto que no era muy cómodo y que la música no la tenía en estéreo, pero... no echábamos de menos lo que no conocíamos. Allí, por un par de pesetas podíamos echar una partida de ping-pong, billar o futbolín; sin contar los juegos de mesa que eran gratuitos.
Pero no era eso lo importante. Lo importante fue que aprendimos a cuidar aquellos juegos como si fueran nuestros, y es que eran nuestros y por turnos nos hacíamos responsables de su organización y cobro. Al igual que la discoteca, un cuartucho donde te pasabas tu guardia, cuando te tocaba, pinchando disco tras disco, aunque no hubiese mucho donde elegir, pero es que en aquella época no habían llegado aún los LPs.
También teníamos barra, a pesar de que nuestra economía no daba más que, si acaso, para un par de cervezas a la semana. Y biblioteca con pocos libros y casi siempre vacía ya que por entonces se leía tan poco como ahora. La utilizábamos como lugar de ensayos y allí nació en mí la afición por el teatro.
En el club, además de representaciones teatrales se organizaban recitales, encuestas, charlas, discofórum , campañas contra el hambre... y bailes, aunque si no había una cuarta entre tu pareja y tú, te llamaban la atención por los altavoces.

Y del club salió la primera "cabalgata". Recuerdo que los Reyes Magos tuvieron que ir montados en una yegua, una mula y un burro, pues no hubo forma de encontrar tres cabalgaduras iguales. Para los pajes, pastores, magos, hadas y negritos hicimos antorchas que no alcanzaron a durar la mitad del camino, pero... ¡y lo que disfrutamos haciéndolas!
Por supuesto que hubo problemas, pero pienso que aquel club cumplió honestamente su misión. Nos enseñó a preocuparnos por la vida, nos ofreció locales, su apoyo y si queríamos algo nosotros teníamos que planearlo y organizarlo. En una palabra: Nos enseñó a ser jóvenes activos y a mí en particular, a ser responsable de algo que era de todos, pues me nombraron Tesorero.
Y ahora que reflexiono, compruebo que muchos de "esos tontos" que dedican parte de su tiempo a hacer algo en beneficio de todos, deben su formación y parte de su experiencia a aquel Club Juvenil que fundó D. Jesús hace veintitantos años.
Hernando de Cárdenas.

Publicado en la revista El Candil en febrero de 1993.

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