Como ese jarrón

"...como ese jarrón que tanto deseamos un día y que quizá nos costó encontrar, y que ya no nos llama la atención, acostumbrados a verlo sin notarlo. ¿Será que a mi pareja la veo ya como ese jarrón?
Muchos meses hace ya que leí esta frase y aún la sigo rumiando en mi cabeza.
Veamos: Pudiera ser que un hombre y una mujer se enamoran, se casan y como pasan a vivir juntos todos los días... tarde o temprano llega la crisis. Cuando esa persona a la que yo había idealizado en mi mente pierde por la edad, la rutina o el contacto diario las cualidades que me habían atraído de ella, me quedo trastornado y confuso. ¿La quiero todavía? ¿No la quiero? Desde luego considero mi deber seguir queriéndola. Está la familia..., vivimos sin problemas..., pero...
También pudiera ser que al amarte a ti, no es que te ame a ti, sino a las ventajas que vivir junto a ti me reportan: el compañerismo, el afecto, el placer, el apoyo, la comodidad... Pero... ¿es eso amor o egoísmo? ¿Acaso no considero a las personas amadas como algo mío? Amo a mi mujer, a mis hijos, a mi familia... ¿Acaso no quiero que mi familia actúe como yo pienso?
Después de esto quizá penséis que voy para filósofo y le estoy buscando los tres pies al gato. No, realmente yo no hubiera pensado en nada de esto y seguiría sumergido en la mayor enemiga del matrimonio: la rutina, de no ser porque una vez al mes nos juntamos un grupo de matrimonios amigos en uno de nuestros hogares para pasárnoslo bien, abrir nuestros corazones para ayudar y ser ayudados, tener un rato de "charla" con Dios... y tratar temas como el del "jarrón".
¿Que qué sacamos de ello? Por lo pronto a mí me ha hecho comprender que el amor verdadero, el amor incondicional es el que te ama así como eres, con tus defectos y virtudes, hagas lo que hagas. El que te acepta, no porque no vea tus fallos sino precisamente porque los ves como realmente son y cómo se parecen a los míos que ya tengo aceptados. La respuesta del amor es siempre la que el otro necesita. El amor siempre está de parte del otro.
A mí me ha hecho comprender que cuando amas de verdad a una persona, ese amor despierta el amor a tu alrededor. Y te obliga a salir de ti, a proyectarte hacia fuera, a entregarte, a ayudar a los demás en lo que buenamente puedas... A dejar a un lado la comodidad, a olvidarte del "qué dirán".
¿O es que crees que los cursillos prematrimoniales, las bodas de oro y plata y tantas otras cosas se organizan solas?
Esto y mucho más se lo debo, en parte, al grupo de matrimonios. Actualmente hay dos. Vosotros podéis formar el tercero.
Hernando de Cárdenas.

Publicado en la revista "El Candil" en noviembre de 1992.

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