Hay en Lanjarón
una fuente, Juani. Bueno, fuentes en Lanjarón debe haber muchas, pero la que te estoy refiriendo está en una plaza, enfrente del Ayuntamiento. Tres grandes
bloques formando el dintel y las jambas de una puerta (la puerta de
las Alpujarras, supongo) y cinco figuras
de bronce: Tres niños jugando, dos encima del dintel y uno debajo, recogiendo
agua en un vaso; y una pareja de viejecitos, él con sombrero, ella con pañuelo,
sentados en el borde, mirándose a los ojos, cogidos de la mano. Nieves me echó
una foto con ellos y, mientras posaba, un profundo dolor me desgarraba por
dentro.
Ellos representan
lo que yo soñaba. En ellos el escultor plasmó (sin saberlo) la que era mi
máxima ilusión, mi primordial anhelo: envejecer contigo, mirándote a los ojos,
cogido de tu mano.
Pero, "el
hombre propone y Dios dispone", y Dios no ha querido que se cumplan mis
planes. El porqué no lo sé. Todavía no puedo decir como Gabriel y Galán a la
muerte de su esposa: "Dios lo ha querido así, bendito sea", porque
aún no me he resignado a tu pérdida y sigo reprochándoselo. Más bien me vienen
a la mente unos versos de otro poeta quizás menos conocido, Manuel Alcántara.
¿Recuerdas que yo los copiaba mientras tú me los dictabas en el paseo marítimo
de Torre del Mar hace tres años?
"Si otros no buscan a Dios
yo no tengo más remedio:
me debe una explicación."
Nunca una fuente me hizo sentir tanto, Juani.
12/03/2014

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