¿Por
qué motivo se me habrá ocurrido este dichoso título para encabezar este
proyecto de articulillo, si yo no crío periquitos?
En
lo que respecta a las aves, como ya sabrán los lectores habituales de "El
Candil", un servidor sabe únicamente de canarios y en especial de los
"Timbras Españoles", raza de canto a la que dedico una parte de mi
tiempo libre.
Pues
resulta que en esta raza hay pájaros que, por su temperamento, desde su más
tierna edad se lanzan alocadamente a demostrar sus dotes canoras, cayendo en
defectos que los aficionados al canto de estas aves llamamos "estridencias
y rascadas". Son pájaros que en término coloquial decimos que "se
corren" en el canto y, por lo tanto, pierden todo su valor pues su
modulación de las notas deja mucho que desear.
Los
hay también con unas dotes de imitación asombrosas, emitiendo con facilidad
sonidos o notas muy semejantes a lo que han oído en su infancia y juventud,
pero carecen de creatividad e improvisación, es decir, dan poco de lo que
llevan dentro, se limitan a repetir. A estos les llamamos
"periquitos", pues sabida es la capacidad imitativa que tienen estos animales
Para
remediar estas dos situaciones, los canaricultores de canto disponemos de
varias recetas: A los briosos les metemos en jaulas pequeñas para frenar su
vivacidad y les colocamos en lugares de poca luz para aumentar se concentración
y aprendan a "escuchar antes de hablar", perdón, quiero decir
"antes de cantar". Y si no dan señales de corregirse hay que
excluirles del criadero.
Respecto
a los "canarios periquitos", la solución es muy fácil: Aprovechar sus dotes de imitación
poniéndoles, desde su más tierna infancia" a escuchar buenos
"maestros". Y como en las aves se aprende e imita antes lo malo que
lo bueno, puesto que lo primero le exige menos esfuerzo a su órgano de
fonación, tenemos que evitar por todos los medios a nuestro alcance que estos
escuchen a los "alocados".
Pues
sí, la conclusión a la que llego es la que ya te estás imaginando. Pero no
confundamos los términos: cuando digo jaula no quiero decir
"calabozo", ni excluir lo tomo como sinónimo de "eliminar".
Aclarado esto pienso que en el género humano también hay "briosos"
que alocadamente cantan, perdón, quiero decir "hablan" y lanzan sus
"rascadas y estridencias" sin pensar en el daño que puedan ocasionar.
Estos "pájaros" necesitan que les reduzcamos la "jaula de
nuestra credibilidad". Y si no dan señales de corregirse, excluirles;
admitirles como seres humanos, eso sí, pero "excluir sus cantos" de
nuestro sentido auditivo.
Tan
culpables como los anteriores son los "humanos periquitos" que
prestando más atención a lo malo que a lo bueno, imitan, repiten y aumentan las
"rascadas y estridencias" que antes largaron otros "humanos
alocados". Lo lamentable es que la receta que aplicábamos a los canarios
periquitos no sirve para estos otros "periquitos humanos", pues
cuando después de oír comienzan a largar ya es demasiado tarde para
corregirles. Y por lo que se puede ver y escuchar, este tipo de periquitos
abunda más en los humanos que en los Timbrados. No olvidemos que, gracias a
Dios, en el género humano no hay "selección".
Y
es que, dejan do a un lado la ironía, llego a la conclusión de que los humanos
preferimos criticar a alabar. Nos resulta tan apetitoso que llamamos "dar gusto a la lengua" a
hablar mal de alguien. Y en las raras ocasiones en que alabamos, podemos
reconocer en el otro un par de cualidades, pero nunca más, siempre habrá un "pero..." "Sí, es muy listo, pero..." "Es muy guapa, pero..."
Tras el "pero" vendrá la parte negativa.
Ya
lo dice un refrán: "Talento y
belleza todo en una pieza, gran rareza".
Analizando
todo esto se llega fácilmente a la causa del mal: "Todos envidiamos al que nos lleve un palmo".
¡Y
luego dicen que criar pájaros es una pérdida de tiempo!
Hernando de Cárdenas.
Publicado
en la revista "El Candil" en marzo de 1996.


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