Paro y televisión

El viejo grito "Pan y circo" que embrutecía e insensibilizaba a los antiguos romanos, hoy muy bien podría ser sustituido por... "paro y televisión".
El "paro" equivaldría al "pan" que los Césares distribuían gratuitamente a su pueblo a fin de contentarlo. De él más vale no hablar, bastante preocupación debe tener el que verdaderamente lo padece.
En cuanto a la televisión, esta cumple perfectamente l papel del "circo": mantener distraído al pueblo, distraído, embrutecido, insensibilizado e idiotizado.
Haz la prueba si no estás de acuerdo. Siéntate una velada cualquiera frente al televisor (aunque de seguro lo harás todas las noches, porque este se ha convertido en un miembro más de la familia y a todas horas está encendido). Te toparás con una serie (americana, por supuesto) que probablemente te sonará, quizá sea la tercera vez que la han repuesto. Cambias de canal y el matrimonio Rupérez coincide con el testigo mudo que presenció su primer beso. Noticias no hay una buena (como de costumbre) y por otra parte... ¿qué más da unos muertos más o menos? ya estamos acostumbrados.
Si tienes suerte y aciertas con la película te las prometerás muy feliz, porque con la moda de no anunciarlas, las privadas; y cambiarlas, las públicas, no sabes que te vas a encontrar. Primera tanda de anuncios y toque de botón: un escándalo en la "máquina de los chismes". Al cuarto corte de publicidad estarás deseando matar al "malo". Esto se hace interminable, ¡tendré que poner el despertador otra vez!. Para colmo los absurdos anuncios de perfumes, ¡y en francés para más inri! Pasada la medianoche y poniéndote el pijama piensas que te has pasado cuatro horas sin pronunciar ni una palabra y, lo que es peor, sin pensar absolutamente nada.
Nos quejamos de la "caja tonta", yo más bien diría la "caja tirana". La familia no dialoga, nuestros hijos ya no juegan, ni sueñan, ni inventan... se aburren. La "tirana" nos lo da todo hecho, nos roba la imaginación.
¡Con la fácil que resulta apretar un botón!
A propósito: ¡Hay que arreglar las carreteras!
Hernando de Cárdenas.

Publicado en la revista "El Candil" en febrero de 1994.

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