"Voz que
clama en el desierto:
Arreglad las
carreteras del Condado."
Nada
nuevo descubro al decir que tenemos las peores carreteras de España. Pero es
que... ¿habéis viajado un día de lluvia por nuestras carreteras? O peor aún... una
noche de lluvia. Hace poco, durante una de ellas y viniendo de Linares, al
cruzarme con un camión me metí en tal charco que ya quisiera tener nuestro
pantano el agua que tenía el charco. Al bajarme ni conocía el coche por estar
rojo ni me conocía yo por estar blanco. ¡Y eso que llueve con miedo! El día que
le dé por apretar nos deja incomunicados.
Tres
años ha cumplido nuestro "Candil" y en el primero de ellos ya decía
un servidor que nuestras carreteras no tenían ni izquierda ni derecha, sólo
centro y con "chichones". Y es que, claro, donde hay un bache llega
el camión de obras públicas y el peón caminero correspondiente, con toda su
buena fe y por aquello de que no se rebaje, le suelta sus buenas paletadas de
chinas alquitranadas y donde antes había un bache ahora hay un pepino. Total,
que del piso original de la carretera ya no queda nada y nosotros a sufrir las
consecuencias.
Ya
sé que hay varias resoluciones aprobadas y que los proyectos de la carretera
Linares-Orcera ya están terminados, y que las obras deberían comenzar en el 92
y después en el 93 y... que ya estamos en diciembre, y que seguimos jugándonos
la vida en cada viaje.
Ante
tanta palabrería y pretextos en las resoluciones yo lo que sé es que no sé nada
y que esto me suena ya a "pitorreo". Que los alcaldes de los pueblos
del Condado deben de tener ya complejo de San Juan Bautista, clamando en el
desierto administrativo. Y que ha llegado la hora de tomar medidas. Para
comenzar yo propongo las siguientes:
Cada
vez que arreglemos o cambiemos neumáticos o amortiguadores, mandar la factura a
la Diputación. Seguro que irá a la papelera pero... ¡y la cara que pondrá el
funcionario de turno! Apuesto a que se lo dice a su jefe.
Cada
vez que paguemos impuestos, añadir en el impreso la siguiente nota: Menos el
tanto por ciento correspondiente a obras públicas (porque aquí no lo notamos)
igual a tanto. Seguro que tampoco valdrá para nada, pero... ¡y la satisfacción
de escribirlo!
Cada
vez que escribamos, sea donde sea, terminar con algo parecido a lo que decía
Catón el Viejo al terminar sus discursos: "Hay que arreglar las
carreteras".
Medidas
inocentes, es cierto, pero al menos servirían para que no olvidemos ni dejar
que olviden uno de los problemas más acuciantes de esta roja tierra del
Condado. "Hay que arreglar las
carreteras".
Hernando de Cárdenas.
Publicado
en la revista "El Candil" en diciembre de 1993.
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