Pregón de las Fiestas de Castellar. 2000

         Ya lo dije en otra ocasión parecida a la actual: “Yo no soy un poeta, ni tampoco un pregonero. No merezco el honor que se me dispensa”. Creía que, superado aquello, no volvería nunca a pasar por la misma situación, sufrir los mismos nervios, la misma tensión: “El momento se acerca y... ¿de qué hablo yo ahora? ¡Si ya está todo dicho!”
¡Nunca más! ¡Y mira por donde me vuelvo a encontrar metido en semejante lío!  ¡Y, encima, aquí subido! Ya no sé que hacer, si darle las gracias a la Corporación Municipal por acordarse de mí o mandarles a paseo por no haberse acordado de otros.
Pero... ¿cómo me iba a negar? Si las dos veces me han acertado en mi “talón de Aquiles”, en mi punto débil: ¡Mi Madre y mi Pueblo! Porque hablar de Castellar es tener presente a María de Consolación y hablar de Consolación es recordar a Castellar y, porque las Fiestas que se supone debo cantar, están bajo su protección.
         ¡Madre y Tierra! ¿Hay algo que “tire” más que esos dos conceptos? ¡Tierra y Madre! ¿Hay algo que, en caso de ausencia, se eche más de menos? Esa es la razón por la que todos los pregones son tan nostálgicos.  Ni siquiera yo, que vivo aquí día tras día, me he librado de ese sentimiento. La fe me hace tener a mi lado a María de Consolación, mi Madre del Cielo, pero siento nostalgia de mi madre terrena. Lo mismo que sentí nostalgia de mi pueblo cuando estuve ausente de él, que por fortuna sólo fue durante los veinte meses de mi servicio militar. Recuerdo que, cada vez que venía de permiso y la Sepulvedana enfilaba la carretera de la Vega y en el horizonte se vislumbraban nuestras dos torres, un nudo se me hacía en la garganta y una canción de José Feliciano revoloteaba en mi cabeza: “Pueblo mío que estás en la colina”. También yo me acordaba del chapurreao de Teofilo, los encierros de la carretera, las verbenas de la plaza, el cine Colomer, los sesos de Isabel...
¡Pueblo mío que estás en la colina! ¡Cuánto te necesitaba!
¡Y cómo han cambiado los tiempos! Hoy ya no hay cuadrillas de atezados segadores, ni mieses en las eras, ni en ellas dan vueltas los cilindros de aguzadas puntas, pero eso ya nadie lo echa de menos. Vivimos mejor trabajando mucho menos ¿qué más queremos?
Atrás quedó el siglo XX con sus aciertos y errores, sus alegrías y sus penas; atrás quedaron las dos Españas, el hambre y la miseria.
Este año estrenamos siglo y, por si fuera poco, también milenio y esto me hace soñar despierto.
Sueño con un pueblo limpio que dé gusto verlo, con parques y jardines, con verdes entradas, con nuestras dos iglesias iluminadas.
Sueño con un pueblo próspero, con talleres y fábricas, en el que no falte el trabajo, donde no existan trabas.
Sueño con un pueblo alegre, animado y jaranero, aunque eso ya lo tenemos.
Sueño con un pueblo en el que gusten vivir, niños, jóvenes, padres y abuelos; con más columpios y mejores escuelas, con un instituto decente, con un cine que nos sirva también de teatro, con un polideportivo cubierto, con unos locales amplios donde cada edad pueda desarrollar su inquietud, gozar su descanso.
Sueño con concursos y competiciones de todas clases: deportivas, culturales, gastronómicas, artesanales... ¡cuánto daría por saber quién cultiva la mayor sandía! o ¿quién criará el conejo más descomunal?
Sueño con un museo de la memoria donde nuestros hijos aprendan que “los mulos” no es el nombre de un conjunto de rock, o que la recolección de cereales no consiste en comprar unas cajas de kellogg´s.
Sueño con no tener que hacer un viaje eterno cada vez que me pongo enfermo.
Sueño con un pueblo donde se critique sólo para mejorar y se piense un poco antes de hablar, donde de vez en cuando, sólo de vez en cuando, creyéramos que el otro puede tener razón, donde pensemos que “todo depende del color del cristal con que se mira”.
Sueño con un pueblo abierto y solidario, donde en él se respire interés y amor por todos los pueblos, por todas las razas, por todas las lenguas, por todas las culturas, por todas las religiones... Por soñar, sueño hasta con agua para nuestros campos regar.
¿Qué éste es también vuestro sueño? Muy normal porque, al fin y al cabo...
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción
y el mayor bien es pequeño,
que toda la vida es sueño
y los sueños, sueños son.
         Bien, pues quitémosle la razón al mismísimo Calderón. ¿Por qué no intentamos que los sueños dejen de ser sueños? ¿Por qué no podemos hacerlos realidad? Los cimientos los tenemos, ¡vaya si los tenemos!
         Tenemos esta plaza, la más bonita del Condado y, escondido tras ella, un casco antiguo que vale la pena reparar, cuidar y mejorar.
¡Mirad estas piedras! Tenemos una vieja historia detrás.
Tenemos un museo ibérico y el pueblo de parques sembrado, aunque eso sí, un poco descuidados.
Tenemos distintas asociaciones: políticas, de padres y madres, de vecinos, de mujeres...
Tenemos peñas deportivas, ¿que serían sin ellas nuestras fuentes?
Tenemos una dinámica comunidad parroquial y, dentro de ella, activas cofradías. (La cabra tira al monte).
Tenemos ese monumental templo religioso y cultural que es nuestra Colegial, este majestuoso ayuntamiento, piscina, biblioteca y un auditorio fenomenal.
Tenemos paz y libertad.
Tenemos artistas que hacen primores con la madera de olivo, las pinturas y las flores.
Tenemos una sierra con caza mayor, dos ermitas y un mirador; no, dos.
Tenemos hasta un abandonado santuario ibérico, un precioso hotel, una plaza de toros, el mejor aceite del mundo, panaderías, bancos, tiendas, bares, granjas; hacemos puertas y ventanas, confecciones, baldosas y balcones, y traemos los mariscos... ¡por camiones!
¿Y teniendo todo esto nos vamos a asustar? ¡Qué estamos en Castellar!
Y, sobre todo, tenemos castellariegos para hacer de Castellar un pueblo del siglo XXI. Todos arrimando el hombro, todos sin excepción.
         ¿Qué tú no puedes? ¿Qué no te encuentras preparado?
Si no puedes ser pino en la colina,
sé arbusto sobre el valle.
Sé rama, si no puedes ser árbol.
Si no puedes ser rama, se césped.
No podemos ser todos capitanes;
algunos han de ser tripulación.
Hay algo para todos en el mundo.
Hay obras grandes, y otras más humildes por hacer.
Más es la próxima tarea la que debemos emprender.
Si no puedes ser autopista,
sé una senda;
Si no puedes ser sol, sé una estrella.
No es el tamaño el que dirá tu éxito o fracaso.
Más sé el mejor de lo que seas.
Douglas Malloch  sabía lo que decía. ¡Preciosas estas palabras suyas! Y nos vienen como anillo al dedo. ¡Todos a trabajar! ¡Todos a colaborar! Cada uno en lo suyo, cada uno en su puesto, cada uno según sus posibilidades.  ¡Más sé el mejor de lo que seas! En el buen sentido: sin pisar, sin avasallar, sin explotar...; al contrario: esforzándonos, responsabilizándonos...
Pensad que...
Ser río que corre, ser nube que pasa,
sin dejar recuerdo ni rastro ninguno,

es triste, y más triste para quien se siente

nube en lo elevado, río en lo profundo.

O dicho más claro:
Pasar por la vida
sin dejar nada a tu paso,
es como vivir escondido,
como no haber vivido,
como no haber nacido.

Pero, eso sí, pongámonos a trabajar después de las Fiestas. Ahora, paisanos, fuera preocupaciones, aparquemos los problemas, vivamos el presente. ¡Que el presente son las Fiestas!
¡Cuántos recuerdos nos traen nuestras Fiestas! Pasadas ya las ilusiones de la infancia, que no las de la juventud, uno de los más agradables alicientes que nos deparan estos días es el reencuentro con familiares y amigos ausentes. A los que no han podido venir, un recuerdo entrañable. A los que ya habéis llegado, a los que venís de camino, Castellar os recibe con los brazos abiertos. No olvidéis que éste es vuestro pueblo, que aquí se encuentran vuestras raíces; no las arranquéis; injertad en ellas la cultura de los lugares en que os encontréis, sea vasca o catalana, madrileña o valenciana; pero no las descepéis; al contrario, aporcadlas, abonadlas con estas visitas a la tierra que os vio nacer; no las dejéis secar porque “quien no echa raíces no puede dar frutos”. ¡Ah, y aunque vivas en Barcelona, Eibar o Castellón, sigue poniendo a alguna de tus hijas el nombre de Consolación!
Niños y niñas, los cacharros están dispuestos y, aunque os pillen un poco lejos, eso no debe ser impedimento. Y mañana tras la banda a tocar diana; sed los gallos mañaneros despertando a vuestros padres que a buen seguro se acostarán tarde. ¡Papá, ya son las siete, que van a tirar el cohete!
Grabad todo en la memoria, guardadlo en vuestro corazón, ¿quién sabe si, algún día, os encomienden este pregón?
Mozos y mozas, corred los encierros. Antes eran cosa de hombres pero corren otros tiempos. Formad peñas y bandas, salid a la calle, que todo el mundo se entere de que, para divertirse, a los jóvenes no hay quien les gane. Tomad las cosas con calma, con buen talante, ¡si tenéis toda una vida por delante! Cuidado con las motos, los coches y las vespas que “quien vive de prisa no vive de veras”. A vosotros os pido que sacrifiquéis unos momentos y contéis a los abuelos cómo eran los toros y a quién pilló en el encierro, cuántos churros os comisteis, las horas que lleváis despiertos; preguntadles cómo se bailaba en sus tiempos, provocadles los recuerdos, pedidles algún consejo; quizás a vosotros no os valga pero ellos se sentirán queridos, útiles y contentos.
¡Castellariegos todos, divertíos! Con ansia, con serenidad, con respeto, con generosidad, compartiendo vuestra alegría.
Dejad a un lado básculas y dietas. Bebed con tiento y medida, los cubatas con moderación, churros y chocolate... ¡a mogollón!
Olvidad falsos pudores. En las verbenas, bailad suelto y “agarrao”. Bailad lo que se presente: la salsa, el merengue o el cha-cha-cha, una cumbia o un rock&roll.  
¡Atención, bailar un airoso pasodoble es una obligación!  ¿Y por qué no un “bakalao”?   ¡Pero, ojo, sin criticar al de al “lao”!
En los toros, sacad pañuelos al viento. Animad a los toreros. Conceded orejas, rabos y patas.    ¡Total, el toro ya no se va a enterar!
¡Vamos, paisanos, animaos! Estamos en el dos mil y ya hemos superado tiempos peores. La Virgen está a nuestro lado y éstas han de ser las Fiestas mejores. Ganas no nos han de faltar. ¡Si llenamos hasta las de los alrededores!
Podrá tener Castellar sus defectos; podrá vivirse en otro lugar mejor; pero éste es nuestro pueblo y, con respeto a los pueblos vecinos, con paciencia y con tesón, nosotros hemos de hacer el nuestro superior.
Y ahora, con el permiso de la Sra. Alcaldesa, sólo me resta decir:
¡QUÉ EMPIECEN LAS FIESTAS!
Francisco Clavijo Viózquez.
Castellar, Agosto 2000

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