¡Que vienen los rusos!

         ¡Que vienen los rusos! ¡Lo que es la vida! Hace sólo unos años, esta frase nos evocaba salvajes armados de kalasnikov, montados en carros de combate y lanzando misiles nucleares a diestro y siniestro. Hoy, la misma frase, nos trae al recuerdo, aparte de mafia y corrupción, cabecitas rubias, ojos dilatados por la sorpresa y chavales y chavalas tremendamente listos, quizás por aquello de que “la necesidad agudiza el ingenio”.
         No me considero un nostálgico. Siempre he dicho que “lo pasado, pasado está” y “lo que tenga que venir, ya llegará”. Pero, si un día recibes una carta de Bielorrusia en la que, con su característica letra picuda, la familia de los Kislitsin te colman de gracias, te cuentan su vida, se interesan por la tuya y, al final, unos garabatos dicen: “os quierro muscho”, pues... lo primero que haces es echar mano a las fotos del último verano y, mientras las estás viendo, se te forma un “no sé qué” en el pecho que tira hacia la garganta. Si a esto se añade que la casualidad, el destino o la Providencia, en forma de Paco Marín, te pide, unos días después, un artículo para este anuario en el que tienes que hablar de los niños bielorrusos acogidos el pasado mes de Agosto en nuestro pueblo, y te dice que lo editará junto a una foto en la que están todos juntos en la fiesta que les ofrecieron las hermanas Berzosa, pues... te asaltan los recuerdos y, aún sin foto, ya está viendo a los buenos de Iura y Vadin, la responsabilidad de Nassia y Dimitri, el gesto de Antón, la belleza de Tania y, asomando, entre ellos,  la pícara cara del diablillo de Nikita, alias “Miki”. Entonces, el “no sé qué” llega por fin a la garganta y tienes que recurrir a la socorrida excusa de la “mota en el ojo”.

        Decidido está a repetir la aventura del pasado verano, cuando te llegan noticias de la refinería de petróleo de Mozir, organizadora, junto con otras entidades,  de estas acogidas y te comunica, con muy buen criterio, por cierto, que todos los hijos de sus siete mil trabajadores tienen derecho a pasar un mes de ensueño en España y, a ser posible, en Andalucía, y que sólo lo subvencionan una vez, por lo que si quieres acoger al mismo niño has de pagarle tú el viaje. Echas cuentas y piensas que, cuando se va el pequeño bilarruski, llega el mes de Septiembre con la matrícula de la universidad, el alquiler del piso de estudiantes, los libros de texto y la ropa que se ha quedado pequeña o pasada de moda. Clamas al cielo preguntando el por qué de tanta desigualdad en un mundo igual para todos Y así estoy, sumergido en un mar de dudas, pero imitando a los pájaros del cielo y a los lirios del campo: “Que venga lo que haya de venir, y que se vaya lo que se ha de ir”.
         Y no sé por qué, de pronto, me ha dado por plagiar o, mejor dicho, destrozar la poesía de mi admirado Bécquer y, mientras me despejo con una de mis caminatas, me viene al recuerdo aquello de...
Volverán las rubias cabecitas
en el parque travesuras a realizar,
y otra vez con agua en los dirigibles
jugando te bañarán;
pero aquellos que nuestras casas alegraban,
al sentirse queridos y en “cristiano” chapurrear;
aquellos que aprendieron nuestros nombres,
ésos... ¿quién sabe si volverán?


Hernando de Cárdenas
o lo que es lo mismo
Francisco Clavijo Viózquez

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